En estos días, a raíz de las voces de distintos expertos en el marco del Día Mundial del Agua, no podemos dejar de destacar el rol que cumplen los glaciares, como reservas fundamentales de agua para el planeta, y la necesidad urgente de su protección. Nuestro país alberga el 76% de los glaciares de Latinoamérica, constituyendo reservas estratégicas de agua y actuando como indicadores del cambio climático. El calentamiento global ha acelerado el derretimiento de los glaciares en todo el mundo. Según la Organización Meteorológica Mundial (OMM), desde el año 2000, los glaciares han perdido un promedio de 273.000 millones de toneladas anuales, con una aceleración notable en la última década. Estos gigantes de hielo no solo son fundamentales para el equilibrio de nuestros ecosistemas, sino que también garantizan el suministro de agua potable, sustentan la agricultura y mantienen la biodiversidad. Su acelerado derretimiento, con tendencia a su desaparición, amenaza la seguridad hídrica de millones de personas y podría provocar desastres naturales como deslizamientos de tierra y avalanchas. Chile ha avanzado en la creación de políticas para la protección y conservación de glaciares, reconociendo su valor estratégico. Sin embargo, es crucial fortalecer y aplicar efectivamente estas normativas, asegurando que se priorice la conservación de estos ecosistemas frente a actividades que puedan comprometer su integridad. Para enfrentar esta realidad, es esencial implementar sistemas de monitoreo efectivosque permitan comprender y mitigar el retroceso glaciar. Actualmente, la Dirección Generalde Aguas (DGA) del MOP, de Chile administra una red de 96 estaciones de monitoreo de glaciares. Con una inversión histórica anunciada recientemente, se proyecta aumentaresta red en un 68% para el año 2030, sumando 65 nuevas estaciones. Otros países también han avanzado en la implementación de estaciones de monitoreo glaciar. Bolivia, por ejemplo, ha instalado sensores automáticos en las cuencas glaciar es para elaborar modelos hidrológicos y calcular el balance de masa de cada glaciar. Perú,por su parte, ha inaugurado el primer Centro de Monitoreo de Glaciares y Ecosistemas de Montaña en Huancayo, en la región de Junín, con el objetivo de generar evidencias sobre el impacto del cambio climático en estos ecosistemas. La comunidad internacional ha reconocido la gravedad de la situación. La ONU ha declarado 2025 como el Año Internacional de la Conservación de los Glaciares, buscando sensibilizar sobre el peligro que conlleva su desaparición y la necesidad de promover acciones para su protección. Desde Pacto Global, felicitamos a los científicos que trabajan en su estudio y conservación, y hacemos un llamado a todos los sectores de la sociedad chilena a apoyarlos esfuerzos en la protección de nuestros glaciares. Su conservación es esencial paragarantizar un futuro sostenible, preservar nuestra biodiversidad y asegurar el bienestar delas generaciones venideras.
La Región de Coquimbo, con su riqueza natural, cultural y astronómica, es un pilar del turismo chileno. Sin embargo, el crecimiento del sector enfrenta desafíos como la presión sobre los recursos naturales y las desigualdades en la distribución de beneficios. La integración de tecnología con un enfoque sostenible emerge como una solución clave, siempre que exista una colaboración efectiva entre sectores público, privado y académico. A nivel global, la tecnología es un aliado estratégico del turismo sostenible. Herramientas digitales, sistemas de monitoreo y soluciones energéticas innovadoras permiten mejorar la experiencia turística mientras protegen el medio ambiente y fortalecen a las comunidades locales. En la Región de Coquimbo, estas tecnologías, adaptadas a las particularidades regionales, pueden marcar la diferencia entre un turismo extractivo y uno responsable. Por ejemplo, la implementación de sistemas digitales para monitorear en tiempo real el flujo de visitantes en sitios como el Valle de Elqui o la Reserva Nacional Pingüino de Humboldt mitigaría el impacto ambiental y mejoraría la experiencia turística. Además, tecnologías como la realidad aumentada pueden enriquecer la interpretación cultural en lugares como el Valle del Encanto, preservando su integridad física. El éxito de estas iniciativas requiere la colaboración activa entre universidades, gobiernos locales, empresas y comunidades. Las universidades deben liderar investigaciones, desarrollar tecnologías innovadoras y formar profesionales conscientes de la sostenibilidad. El sector privado, por su parte, debe invertir en tecnología, impulsar emprendimientos y adoptar prácticas responsables, mientras que el sector público debe garantizar un marco normativo adecuado y promover proyectos sostenibles mediante financiamiento y políticas públicas. Un ejemplo internacional inspirador es Costa Rica, donde la sinergia entre universidades, gobierno y empresas ha consolidado un modelo de turismo sostenible reconocido globalmente. La Región de Coquimbo tiene el potencial de adaptar este modelo a su realidad, aprovechando su talento humano y recursos únicos. Proyectos concretos como sistemas de energía limpia para alojamientos turísticos, vehículos eléctricos en áreas protegidas o plataformas digitales que conecten a turistas con emprendedores locales pueden generar un impacto positivo y duradero. Una plataforma que vincule a artesanos, guías turísticos y pequeños productores con visitantes interesados en experiencias auténticas fortalecería la economía local y promovería una distribución equitativa de los beneficios del turismo. El turismo sostenible no solo protege los recursos naturales, sino que impulsa el desarrollo económico y social de las comunidades. En la Región de Coquimbo, donde el turismo es un motor clave, avanzar hacia un modelo sostenible consolidará la región como un destino competitivo, inclusivo y responsable. Lograrlo exige una visión compartida y planificación estratégica. Universidades, gobiernos locales y empresas deben entender que la sostenibilidad es tanto un deber ético como una oportunidad de negocio en un mercado cada vez más consciente. Con un esfuerzo multisectorial, la Región de Coquimbo puede convertirse en un referente nacional e internacional de turismo sostenible.
Cada 5 de marzo se conmemora el Día Mundial de la Eficiencia Energética, una fecha que nos invita a reflexionar sobre la importancia de optimizar el uso de la energía en todos los sectores productivos. En el caso de la minería, la eficiencia energética no es solo una opción, sino que una necesidad estratégica para garantizar la sostenibilidad de una industria que cumple un rol estratégico para la lucha contra el cambio climático. La Agencia Internacional de Energía (IEA) ha sido clara: para alcanzar los compromisos climáticos globales, debemos apostar por la eficiencia energética y las energías renovables. Desde Minnovex, vemos que la minería enfrenta un doble desafío: aumentar su producción de minerales críticos para la transición energética y, al mismo tiempo, reducir su huella de carbono. La digitalización, la analítica avanzada y la inteligencia artificial juegan un rol clave en la optimización del consumo energético, pieza fundamental para mejorar el desempeño ambiental de la industria. Siendo la minería del cobre en Chile responsable de aproximadamente un tercio del consumo de energía eléctrica del país, debemos avanzar en soluciones que permitan una gestión más eficiente. De acuerdo a datos de Cochilco, se proyecta que el consumo energético del sector crezca un 31,4% entre 2023 y 2034, superando el aumento esperado en la producción de cobre, que será del 20,7% en el mismo periodo. Este desbalance refleja la necesidad urgente de optimizar el uso de la energía de la mano de la innovación tecnológica, para evitar una escalada en los costos operacionales y en las emisiones de gases de efecto invernadero. Asimismo, todas las grandes compañías mineras (y varias de mediana minería) están afectas a la Ley de Eficiencia Energética, que ha implicado la implementación de sistemas de gestión de la energía en los últimos años, y que han demostrado ser herramientas clave para avanzar en eficiencia de manera sistemática en distintos sectores industriales, y alrededor del mundo. Sin embargo, el sector minero local aún está en este proceso. Sin una estructura formal de gestión, muchas iniciativas terminan desestimadas al no ser evaluadas correctamente, careciendo de medición y comunicación de resultados, o al no estar alineadas con los objetivos estratégicos de la empresa, se impide su continuidad en el tiempo. De lograr una buena implementación, las compañías podrían reducir su consumo energético entre un 15% y un 20%, lo que impacta directamente en sus costos de operación. La minería está en un punto de inflexión. La eficiencia energética no solo es una medida para reducir costos, sino una oportunidad para que la industria lidere la transición hacia una minería sostenible y competitiva. Sin embargo, para lograrlo, es fundamental que las compañías mineras abran sus puertas a expertos externos, como startups, consultores especializados y centros de investigación, quienes pueden aportar una mirada fresca y soluciones innovadoras, y no partir desde el supuesto de que no existen espacios de mejora tanto de sus procesos y equipos ya que conocen mejor que nadie el funcionamiento de estos. La realidad ha demostrado todo lo contrario, y la colaboración con actores externos ha permitido identificar oportunidades inesperadas de optimización y eficiencia. Este Día Mundial de la Eficiencia Energética nos recuerda que el camino hacia una minería más sostenible depende de cómo gestionemos nuestros recursos energéticos hoy. Es momento de actuar con determinación y apostar por la eficiencia como un eje central del desarrollo minero.
El 2024 ha marcado un antes y un después en la historia de nuestro planeta. Con una temperatura media que superó por primera vez el umbral de 1,5 °C establecido por el Acuerdo de París, la tierra ha experimentado un año de extremos climáticos que han dejado huellas profundas tanto en la naturaleza como en la economía global. Los datos de la Organización Meteorológica Mundial (OMM) son alarmantes: este año ha sido el más caluroso desde que se tienen registros. En Chile, lo estamos viviendo ya que las temperaturas han alcanzado los casi 40 ºC. Las consecuencias, devastadoras, demandan acción inmediata por parte de todos los sectores de la sociedad, incluyendo a las empresas. En el ámbito corporativo, el cambio climático ya no es un problema distante ni abstracto. Las empresas enfrentan riesgos financieros directos e indirectos relacionados con fenómenos como huracanes, inundaciones, escasez hídrica e incendios forestales. El mundo incurrió en pérdidas de más de 140 mil millones de dólares por desastres naturales en 2024. Estas cifras no sólo reflejan daños materiales, sino también, el impacto en cadenas de suministro, interrupciones operativas y daños a la infraestructura crítica. Sin ir más lejos, la situación de las marejadas anormales en Chile de los últimos días ha impactado a las comunidades costeras. El último episodio dejó pérdidas a las personas en torno a los $400 millones, causando daños económicos en la pesca, acuicultura y turismo. Las principales instituciones climáticas coinciden en que la situación se agravará si no se toman medidas urgentes. En el sector empresarial, ignorar los riesgos climáticos puede traducirse en mayores costos de operación, disminución de la competitividad y daños irreversibles a la reputación. En este contexto, las empresas deben integrar los riesgos climáticos en sus estrategias de sostenibilidad corporativa. Esto implica realizar evaluaciones de impacto ambiental periódicas, invertir en tecnologías limpias y adoptar políticas de reducción de emisiones de carbono. Ello porque la transición hacia modelos de negocio sostenibles no sólo es una necesidad ética, sino también una ventaja competitiva. Las empresas que lideren este cambio podrán acceder a oportunidades de mercado, mejorar su reputación y atraer inversores comprometidos con el desarrollo sostenible. Es fundamental que las empresas también desarrollen planes de gestión de riesgos climáticos. Para ello, Pacto Global ofrece el programa “Acelerador por el Clima”, e invita a las empresas a comprometerse a metas climáticas, en su iniciativa Forward Faster (Avanzar más rápido). Estas deben incluir monitoreo de cifras y medidas concretas para mitigar el impacto de eventos extremos, como la diversificación de fuentes de suministro, la protección de activos vulnerables y la colaboración con comunidades locales para fortalecer la resiliencia. Asimismo, la transparencia en la comunicación de estos riesgos y las acciones emprendidas, son claves para mantener la confianza de los accionistas y clientes, por lo que es imperativo reportar estos indicadores en su plataforma COP (Comunicación de Progreso). Así, el cambio climático es el desafío más urgente de nuestra era y la sostenibilidad ya no es una opción; es una necesidad impostergable. Si no se adoptan medidas inmediatas, el costo de la inacción será incalculable, no sólo en términos económicos, sino también en vidas humanas y biodiversidad perdida.
Hace algunos días se desarrollaron varios eventos mundiales de manera paralela en la sede de la ONU en Nueva York, donde tuve la oportunidad de participar, representando a la red de Chile, de Pacto Global y a nuestras empresas socias. La Cumbre de Líderes de Pacto Global de Naciones Unidas que se realiza cada año, este 2024 estuvo marcada por un llamado a una acción colectiva eficaz y un compromiso ineludible de las empresas, con metas específicas en cinco áreas concretas para avanzar en los ODS, que llevan un significativo atraso. En ese contexto, la ciencia, la tecnología, la innovación, la inteligencia artificial y la cooperación conformaron pilares fundamentales para plantear soluciones viables y avanzar hacia un futuro más equilibrado. La Cumbre del Futuro, en el marco de la Asamblea General de Naciones Unidas, adoptó el Pacto para el Futuro, acuerdo que incluye un Pacto Mundial Digital y una Declaración sobre las Generaciones Futuras. Se establecieron estándares para el desarrollo sostenible, la paz y la seguridad, y los derechos humanos. Así, los líderes mundiales se comprometieron a llevar a cabo 57 acciones concretas para materializar sus intenciones, destacando el compromiso con el derecho internacional y la necesidad de una reforma de las instituciones multilaterales. Se abordó también la financiación del desarrollo sostenible y la necesidad urgente de reformar la arquitectura financiera internacional para enfrentar los desafíos globales y cumplir con la Agenda 2030. Un tema relevante fue el avanzar hacia la paz y la seguridad internacional, donde se calificó la situación mundial como excepcionalmente peligrosa, con riesgos de mayores conflictos entre las principales potencias e incluso se visualizó la posibilidad de una guerra nuclear que alcanzaría niveles alarmantes, empeorando la ya difícil situación de más del 70% de la población mundial enfrentando algún tipo de inseguridad alimentaria. Hubo además un espacio destinado a los jóvenes, reconociendo la importancia de las generaciones futuras, como agentes de cambio y la importancia de asegurar su participación en la toma de decisiones y potenciar su creatividad para buscar soluciones innovadoras. En la Semana del Clima, se presentaron cifras alarmantes que evidenciaron la necesidad de una acción urgente. Un informe destacó que, de no tomar medidas drásticas, el calentamiento global podría alcanzar hasta 3 °C si se mantienen el ritmo de los compromisos actuales, lo que tendría consecuencias catastróficas para el planeta y podría desplazar a más de 200 millones de personas para 2050. Además, se discutieron estudios que mostraron cómo la tecnología, el buen uso de la inteligencia artificial y la innovación, aparecen como aliados fundamentales en la búsqueda de soluciones en la adaptación y mitigación climática. Por otra parte, se discutieron los avances en energías renovables, con un aumento del 20% en la capacidad instalada global en el último año. Otra medida significativa fue la expansión de las acciones conjuntas de ONU-Energía para cerrar la brecha de acceso a la energía y garantizar transiciones energéticas justas e inclusivas. Estas cumbres y reuniones de alto nivel enfatizaron la promesa de una nueva era para el multilateralismo, basado en el respeto mutuo y la cooperación y es ahí donde los líderes acordaron reunirse nuevamente en 2025 para evaluar el progreso y ajustar las estrategias como un desafío urgente.
En estos días, a raíz de las voces de distintos expertos en el marco del Día Mundial del Agua, no podemos dejar de destacar el rol que cumplen los glaciares, como reservas fundamentales de agua para el planeta, y la necesidad urgente de su protección. Nuestro país alberga el 76% de los glaciares de Latinoamérica, constituyendo reservas estratégicas de agua y actuando como indicadores del cambio climático. El calentamiento global ha acelerado el derretimiento de los glaciares en todo el mundo. Según la Organización Meteorológica Mundial (OMM), desde el año 2000, los glaciares han perdido un promedio de 273.000 millones de toneladas anuales, con una aceleración notable en la última década. Estos gigantes de hielo no solo son fundamentales para el equilibrio de nuestros ecosistemas, sino que también garantizan el suministro de agua potable, sustentan la agricultura y mantienen la biodiversidad. Su acelerado derretimiento, con tendencia a su desaparición, amenaza la seguridad hídrica de millones de personas y podría provocar desastres naturales como deslizamientos de tierra y avalanchas. Chile ha avanzado en la creación de políticas para la protección y conservación de glaciares, reconociendo su valor estratégico. Sin embargo, es crucial fortalecer y aplicar efectivamente estas normativas, asegurando que se priorice la conservación de estos ecosistemas frente a actividades que puedan comprometer su integridad. Para enfrentar esta realidad, es esencial implementar sistemas de monitoreo efectivosque permitan comprender y mitigar el retroceso glaciar. Actualmente, la Dirección Generalde Aguas (DGA) del MOP, de Chile administra una red de 96 estaciones de monitoreo de glaciares. Con una inversión histórica anunciada recientemente, se proyecta aumentaresta red en un 68% para el año 2030, sumando 65 nuevas estaciones. Otros países también han avanzado en la implementación de estaciones de monitoreo glaciar. Bolivia, por ejemplo, ha instalado sensores automáticos en las cuencas glaciar es para elaborar modelos hidrológicos y calcular el balance de masa de cada glaciar. Perú,por su parte, ha inaugurado el primer Centro de Monitoreo de Glaciares y Ecosistemas de Montaña en Huancayo, en la región de Junín, con el objetivo de generar evidencias sobre el impacto del cambio climático en estos ecosistemas. La comunidad internacional ha reconocido la gravedad de la situación. La ONU ha declarado 2025 como el Año Internacional de la Conservación de los Glaciares, buscando sensibilizar sobre el peligro que conlleva su desaparición y la necesidad de promover acciones para su protección. Desde Pacto Global, felicitamos a los científicos que trabajan en su estudio y conservación, y hacemos un llamado a todos los sectores de la sociedad chilena a apoyarlos esfuerzos en la protección de nuestros glaciares. Su conservación es esencial paragarantizar un futuro sostenible, preservar nuestra biodiversidad y asegurar el bienestar delas generaciones venideras.
La Región de Coquimbo, con su riqueza natural, cultural y astronómica, es un pilar del turismo chileno. Sin embargo, el crecimiento del sector enfrenta desafíos como la presión sobre los recursos naturales y las desigualdades en la distribución de beneficios. La integración de tecnología con un enfoque sostenible emerge como una solución clave, siempre que exista una colaboración efectiva entre sectores público, privado y académico. A nivel global, la tecnología es un aliado estratégico del turismo sostenible. Herramientas digitales, sistemas de monitoreo y soluciones energéticas innovadoras permiten mejorar la experiencia turística mientras protegen el medio ambiente y fortalecen a las comunidades locales. En la Región de Coquimbo, estas tecnologías, adaptadas a las particularidades regionales, pueden marcar la diferencia entre un turismo extractivo y uno responsable. Por ejemplo, la implementación de sistemas digitales para monitorear en tiempo real el flujo de visitantes en sitios como el Valle de Elqui o la Reserva Nacional Pingüino de Humboldt mitigaría el impacto ambiental y mejoraría la experiencia turística. Además, tecnologías como la realidad aumentada pueden enriquecer la interpretación cultural en lugares como el Valle del Encanto, preservando su integridad física. El éxito de estas iniciativas requiere la colaboración activa entre universidades, gobiernos locales, empresas y comunidades. Las universidades deben liderar investigaciones, desarrollar tecnologías innovadoras y formar profesionales conscientes de la sostenibilidad. El sector privado, por su parte, debe invertir en tecnología, impulsar emprendimientos y adoptar prácticas responsables, mientras que el sector público debe garantizar un marco normativo adecuado y promover proyectos sostenibles mediante financiamiento y políticas públicas. Un ejemplo internacional inspirador es Costa Rica, donde la sinergia entre universidades, gobierno y empresas ha consolidado un modelo de turismo sostenible reconocido globalmente. La Región de Coquimbo tiene el potencial de adaptar este modelo a su realidad, aprovechando su talento humano y recursos únicos. Proyectos concretos como sistemas de energía limpia para alojamientos turísticos, vehículos eléctricos en áreas protegidas o plataformas digitales que conecten a turistas con emprendedores locales pueden generar un impacto positivo y duradero. Una plataforma que vincule a artesanos, guías turísticos y pequeños productores con visitantes interesados en experiencias auténticas fortalecería la economía local y promovería una distribución equitativa de los beneficios del turismo. El turismo sostenible no solo protege los recursos naturales, sino que impulsa el desarrollo económico y social de las comunidades. En la Región de Coquimbo, donde el turismo es un motor clave, avanzar hacia un modelo sostenible consolidará la región como un destino competitivo, inclusivo y responsable. Lograrlo exige una visión compartida y planificación estratégica. Universidades, gobiernos locales y empresas deben entender que la sostenibilidad es tanto un deber ético como una oportunidad de negocio en un mercado cada vez más consciente. Con un esfuerzo multisectorial, la Región de Coquimbo puede convertirse en un referente nacional e internacional de turismo sostenible.
Cada 5 de marzo se conmemora el Día Mundial de la Eficiencia Energética, una fecha que nos invita a reflexionar sobre la importancia de optimizar el uso de la energía en todos los sectores productivos. En el caso de la minería, la eficiencia energética no es solo una opción, sino que una necesidad estratégica para garantizar la sostenibilidad de una industria que cumple un rol estratégico para la lucha contra el cambio climático. La Agencia Internacional de Energía (IEA) ha sido clara: para alcanzar los compromisos climáticos globales, debemos apostar por la eficiencia energética y las energías renovables. Desde Minnovex, vemos que la minería enfrenta un doble desafío: aumentar su producción de minerales críticos para la transición energética y, al mismo tiempo, reducir su huella de carbono. La digitalización, la analítica avanzada y la inteligencia artificial juegan un rol clave en la optimización del consumo energético, pieza fundamental para mejorar el desempeño ambiental de la industria. Siendo la minería del cobre en Chile responsable de aproximadamente un tercio del consumo de energía eléctrica del país, debemos avanzar en soluciones que permitan una gestión más eficiente. De acuerdo a datos de Cochilco, se proyecta que el consumo energético del sector crezca un 31,4% entre 2023 y 2034, superando el aumento esperado en la producción de cobre, que será del 20,7% en el mismo periodo. Este desbalance refleja la necesidad urgente de optimizar el uso de la energía de la mano de la innovación tecnológica, para evitar una escalada en los costos operacionales y en las emisiones de gases de efecto invernadero. Asimismo, todas las grandes compañías mineras (y varias de mediana minería) están afectas a la Ley de Eficiencia Energética, que ha implicado la implementación de sistemas de gestión de la energía en los últimos años, y que han demostrado ser herramientas clave para avanzar en eficiencia de manera sistemática en distintos sectores industriales, y alrededor del mundo. Sin embargo, el sector minero local aún está en este proceso. Sin una estructura formal de gestión, muchas iniciativas terminan desestimadas al no ser evaluadas correctamente, careciendo de medición y comunicación de resultados, o al no estar alineadas con los objetivos estratégicos de la empresa, se impide su continuidad en el tiempo. De lograr una buena implementación, las compañías podrían reducir su consumo energético entre un 15% y un 20%, lo que impacta directamente en sus costos de operación. La minería está en un punto de inflexión. La eficiencia energética no solo es una medida para reducir costos, sino una oportunidad para que la industria lidere la transición hacia una minería sostenible y competitiva. Sin embargo, para lograrlo, es fundamental que las compañías mineras abran sus puertas a expertos externos, como startups, consultores especializados y centros de investigación, quienes pueden aportar una mirada fresca y soluciones innovadoras, y no partir desde el supuesto de que no existen espacios de mejora tanto de sus procesos y equipos ya que conocen mejor que nadie el funcionamiento de estos. La realidad ha demostrado todo lo contrario, y la colaboración con actores externos ha permitido identificar oportunidades inesperadas de optimización y eficiencia. Este Día Mundial de la Eficiencia Energética nos recuerda que el camino hacia una minería más sostenible depende de cómo gestionemos nuestros recursos energéticos hoy. Es momento de actuar con determinación y apostar por la eficiencia como un eje central del desarrollo minero.
El 2024 ha marcado un antes y un después en la historia de nuestro planeta. Con una temperatura media que superó por primera vez el umbral de 1,5 °C establecido por el Acuerdo de París, la tierra ha experimentado un año de extremos climáticos que han dejado huellas profundas tanto en la naturaleza como en la economía global. Los datos de la Organización Meteorológica Mundial (OMM) son alarmantes: este año ha sido el más caluroso desde que se tienen registros. En Chile, lo estamos viviendo ya que las temperaturas han alcanzado los casi 40 ºC. Las consecuencias, devastadoras, demandan acción inmediata por parte de todos los sectores de la sociedad, incluyendo a las empresas. En el ámbito corporativo, el cambio climático ya no es un problema distante ni abstracto. Las empresas enfrentan riesgos financieros directos e indirectos relacionados con fenómenos como huracanes, inundaciones, escasez hídrica e incendios forestales. El mundo incurrió en pérdidas de más de 140 mil millones de dólares por desastres naturales en 2024. Estas cifras no sólo reflejan daños materiales, sino también, el impacto en cadenas de suministro, interrupciones operativas y daños a la infraestructura crítica. Sin ir más lejos, la situación de las marejadas anormales en Chile de los últimos días ha impactado a las comunidades costeras. El último episodio dejó pérdidas a las personas en torno a los $400 millones, causando daños económicos en la pesca, acuicultura y turismo. Las principales instituciones climáticas coinciden en que la situación se agravará si no se toman medidas urgentes. En el sector empresarial, ignorar los riesgos climáticos puede traducirse en mayores costos de operación, disminución de la competitividad y daños irreversibles a la reputación. En este contexto, las empresas deben integrar los riesgos climáticos en sus estrategias de sostenibilidad corporativa. Esto implica realizar evaluaciones de impacto ambiental periódicas, invertir en tecnologías limpias y adoptar políticas de reducción de emisiones de carbono. Ello porque la transición hacia modelos de negocio sostenibles no sólo es una necesidad ética, sino también una ventaja competitiva. Las empresas que lideren este cambio podrán acceder a oportunidades de mercado, mejorar su reputación y atraer inversores comprometidos con el desarrollo sostenible. Es fundamental que las empresas también desarrollen planes de gestión de riesgos climáticos. Para ello, Pacto Global ofrece el programa “Acelerador por el Clima”, e invita a las empresas a comprometerse a metas climáticas, en su iniciativa Forward Faster (Avanzar más rápido). Estas deben incluir monitoreo de cifras y medidas concretas para mitigar el impacto de eventos extremos, como la diversificación de fuentes de suministro, la protección de activos vulnerables y la colaboración con comunidades locales para fortalecer la resiliencia. Asimismo, la transparencia en la comunicación de estos riesgos y las acciones emprendidas, son claves para mantener la confianza de los accionistas y clientes, por lo que es imperativo reportar estos indicadores en su plataforma COP (Comunicación de Progreso). Así, el cambio climático es el desafío más urgente de nuestra era y la sostenibilidad ya no es una opción; es una necesidad impostergable. Si no se adoptan medidas inmediatas, el costo de la inacción será incalculable, no sólo en términos económicos, sino también en vidas humanas y biodiversidad perdida.
Hace algunos días se desarrollaron varios eventos mundiales de manera paralela en la sede de la ONU en Nueva York, donde tuve la oportunidad de participar, representando a la red de Chile, de Pacto Global y a nuestras empresas socias. La Cumbre de Líderes de Pacto Global de Naciones Unidas que se realiza cada año, este 2024 estuvo marcada por un llamado a una acción colectiva eficaz y un compromiso ineludible de las empresas, con metas específicas en cinco áreas concretas para avanzar en los ODS, que llevan un significativo atraso. En ese contexto, la ciencia, la tecnología, la innovación, la inteligencia artificial y la cooperación conformaron pilares fundamentales para plantear soluciones viables y avanzar hacia un futuro más equilibrado. La Cumbre del Futuro, en el marco de la Asamblea General de Naciones Unidas, adoptó el Pacto para el Futuro, acuerdo que incluye un Pacto Mundial Digital y una Declaración sobre las Generaciones Futuras. Se establecieron estándares para el desarrollo sostenible, la paz y la seguridad, y los derechos humanos. Así, los líderes mundiales se comprometieron a llevar a cabo 57 acciones concretas para materializar sus intenciones, destacando el compromiso con el derecho internacional y la necesidad de una reforma de las instituciones multilaterales. Se abordó también la financiación del desarrollo sostenible y la necesidad urgente de reformar la arquitectura financiera internacional para enfrentar los desafíos globales y cumplir con la Agenda 2030. Un tema relevante fue el avanzar hacia la paz y la seguridad internacional, donde se calificó la situación mundial como excepcionalmente peligrosa, con riesgos de mayores conflictos entre las principales potencias e incluso se visualizó la posibilidad de una guerra nuclear que alcanzaría niveles alarmantes, empeorando la ya difícil situación de más del 70% de la población mundial enfrentando algún tipo de inseguridad alimentaria. Hubo además un espacio destinado a los jóvenes, reconociendo la importancia de las generaciones futuras, como agentes de cambio y la importancia de asegurar su participación en la toma de decisiones y potenciar su creatividad para buscar soluciones innovadoras. En la Semana del Clima, se presentaron cifras alarmantes que evidenciaron la necesidad de una acción urgente. Un informe destacó que, de no tomar medidas drásticas, el calentamiento global podría alcanzar hasta 3 °C si se mantienen el ritmo de los compromisos actuales, lo que tendría consecuencias catastróficas para el planeta y podría desplazar a más de 200 millones de personas para 2050. Además, se discutieron estudios que mostraron cómo la tecnología, el buen uso de la inteligencia artificial y la innovación, aparecen como aliados fundamentales en la búsqueda de soluciones en la adaptación y mitigación climática. Por otra parte, se discutieron los avances en energías renovables, con un aumento del 20% en la capacidad instalada global en el último año. Otra medida significativa fue la expansión de las acciones conjuntas de ONU-Energía para cerrar la brecha de acceso a la energía y garantizar transiciones energéticas justas e inclusivas. Estas cumbres y reuniones de alto nivel enfatizaron la promesa de una nueva era para el multilateralismo, basado en el respeto mutuo y la cooperación y es ahí donde los líderes acordaron reunirse nuevamente en 2025 para evaluar el progreso y ajustar las estrategias como un desafío urgente.